Qué le falta al manual de instrucciones para datos abiertos

Martin Virtel

Esta semana, un evento mundial pasó casi desapercibido en los medios tradicionales. Fue la Social Media Week, una serie de conferencias organizadas paralelamente en Hamburgo, Nueva York, Lagos, Bangalore, Milán y algunas ciudades más (extrañamente, falta Barcelona). Fue una oportunidad para conocer a gente interesante y encontrar a viejos amigos, como en todas las conferencias de la bohemia digital. Y me di cuenta de que en realidad, ya no hace falta que los medios tradicionales nos presten mucha atención.

Me gustó el título del evento al que me invitaron para hablar: Manual de instrucciones para datos abiertos. Expresa una inquietud poco popular que se suele esconder a menudo, porque no queda bien con las visiones relucientes y los discursos solemnes. Es esta: ¿Qué hace uno con los datos, una vez abiertos? ¿Y cómo se hace?

Todo el mundo sabe qué hacer con, digamos, una cerveza abierta – porque la sed es una fuerza de la naturaleza, y porque la cerveza se vuelve rancia e inútil si uno no hace nada con ella. ¿Y los datos? Se abren, pero nadie se lanza sobre ellos para hacer algo. Quizás porque abiertos se conservan muy bien. Eternamente.

Así que podemos descartar el factor tiempo. Pero hay un equivalente a la sed: la curiosidad. La curiosidad está llevando a muchas personas a lanzar proyectos espectaculares como Quién Manda (aquí soñamos con un proyecto asociado en Catalunya) o El BOE nuestro de cada día  (ya hay un miniproyecto catalán parecido).

Son gente curiosa en el mejor de los sentidos, y nos incluimos nosotros también. Entonces, ¿cómo conseguir la atención que merecen los datos abiertos? Hay que ir donde la curiosidad es endémica – a las escuelas, los colegios y las universidades y hablar con las personas. Ese es el capítulo que es imposible incluir en un manual de instrucciones que, dicho sea de paso, ya existe. Es el Open Data Handbook de la Open Knowledge Foundation. Es un material excelente, pero es el segundo paso. Primero, hay que despertar la curiosidad.